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18-10-2026  |  Locales 33
    

La trampa de la deuda: cuando pedir prestado es la única forma de comer



Por Carlos Alberto Roble




Mientras en los grandes despachos de Buenos Aires se discuten temas que parecen de otro planeta —el presupuesto de las universidades, los caprichos del DNU 70 y la muñeca política de los gobernadores—, en la calle, en los barrios de nuestra provincia y del país, la urgencia es otra. El debate de la política grande se siente a años luz de distancia cuando la verdadera preocupación de una familia a fin de mes no es cómo invertir o ahorrar, sino cómo hacer para que no le corten la luz o qué poner en la mesa a la noche.

Las cifras de la Universidad Católica Argentina (UCA) y del INDEC para este primer semestre de 2026 le han puesto un número a lo que todos vemos a diario. Pero detrás de esos porcentajes fríos hay vecinos, madres y trabajadores. La realidad es durísima: el 32,3% de los argentinos es pobre. Es decir, tres de cada diez personas no ganan lo suficiente para vivir dignamente. Y lo que es peor, el 6,5% está en la indigencia: directamente pasan hambre.

Los números que duelen (primer semestre 2026)
Pobreza General: 32,3% de la población no cubre la Canasta Básica.
Indigencia: 6,5% no logra alimentarse todos los días.
Pobreza Infantil: 42,5%. Más de 4 de cada 10 chicos son pobres.
La contención del Estado: Sin la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, la indigencia saltaría al 10%.
Ante este panorama, ha surgido un monstruo silencioso del que pocos hablan en la televisión: la trampa de la deuda familiar. Antes, endeudarse era sinónimo de progreso. Uno sacaba un crédito para comprar una heladera, arreglar el techo de chapa o cambiar la motito. Hoy, eso desapareció. La gente se endeuda por supervivencia. El sueldo, que cada vez alcanza para menos frente a los aumentos descontrolados del supermercado y de los servicios, no llega al día 20 del mes. Para cubrir esos diez días que faltan, las familias vulnerables recurren al crédito. Literalmente, están «comprando tiempo» a un costo altísimo simplemente para comer y subsistir.

El prestamista del barrio y la tarjeta embargada
¿A dónde va a pedir plata un trabajador informal, una empleada doméstica o un albañil que no tiene recibo de sueldo? Los bancos tradicionales les cierran la puerta en la cara. Al quedar excluidos del sistema formal, son empujados hacia el fondo del pozo financiero: las aplicaciones de celular que prestan en el acto, los comercios que «fían» recargando los precios, o el prestamista del barrio. En este mundo sin reglas, la tasa de interés es pura usura. Te prestan hoy para pagar la factura de la luz, pero en un mes debés el triple. Es un círculo vicioso del que es casi imposible salir.

Aquí se produce una situación alarmante con la ayuda social. El Estado hace un esfuerzo enorme pagando la Asignación Universal por Hijo (AUH) y pensiones para evitar que la gente caiga en la indigencia total. Pero, ¿qué pasa en la realidad? Gran parte de esa plata ni siquiera llega a las manos de las familias.

«La plata de la AUH entra al cajero y automáticamente se la lleva el prestamista para cobrar los intereses. El Estado termina subsidiando a la usura sin darse cuenta.»

Madres de familia: las que ponen el cuerpo
Apenas depositan los fondos en la tarjeta, estos son absorbidos automáticamente para pagar los intereses de las deudas que se tomaron las semanas anteriores para poder comer. A veces, las madres hasta tienen que dejar la propia tarjeta de cobro como «garantía» al prestamista de turno. Las estrategias financieras de los manuales de economía, que te dicen que ahorres un poquito acá para pagar allá, en los barrios populares son un chiste de mal gusto. Cuando el bolsillo está en rojo desde el día uno y los gastos son ineludibles, la única opción es la «bicicleta»: sacar un préstamo nuevo, más caro, para pagar el anterior.

Y esta tragedia tiene rostro de mujer. El análisis detallado de la deuda muestra que los hogares mantenidos por madres solas son los más golpeados. Son ellas las que asumen la carga mental y material de conseguir plata urgente, a cualquier precio, para que sus hijos cenen. Ellas son las principales víctimas de las formas más agresivas de cobro informal.

La política en su laberinto y el futuro en 2027
Mientras esta olla a presión social se calienta, la política juega a la ruleta. El famoso DNU 70 del Ejecutivo nacional desreguló prepagas, alquileres y precios básicos, golpeando directo al bolsillo de la clase media y baja. Se gobierna a base de choques y vetos. Los gobernadores, asfixiados por el recorte de fondos nacionales, hacen malabares: ceden apoyos en el Congreso tapándose la nariz, simplemente para poder pagar los sueldos en sus provincias a fin de mes. Todos miran de reojo a la Corte Suprema, que prefiere el silencio y manejar sus propios tiempos antes que frenar los recortes.

Ante esto, la pregunta que todos nos hacemos en la calle es: ¿Y ahora qué? ¿Qué nos espera para la segunda mitad del año y para el 2027?

El horizonte 2027: el «piso» de pobreza
Las proyecciones de la UCA indican un escenario de estancamiento. No se espera una mejora mágica. El país parece haber tocado un «piso estructural» del 30% de pobreza que es durísimo de romper. Aunque la economía mejore un poco a nivel macro, no se generan empleos de calidad.

Una condena que debemos romper
En conclusión, lo que estamos viendo no es solo gente pasando un mal momento económico. Lo que pasa en Formosa y en toda la Argentina es una transferencia brutal de riqueza desde los bolsillos más vacíos hacia el capital financiero informal. La deuda de las familias ya no es un motor para crecer, es un ancla pesadísima que hunde a la gente en la exclusión.

Si la dirigencia política, desde el gobierno nacional hasta el último legislador, no entiende que estabilizar la economía no sirve de nada si el 30% de la gente está endeudada solo para poder almorzar, el 2027 nos encontrará tropezando con la misma piedra. No hay plan económico exitoso en los papeles si en la mesa de los argentinos falta el pan y sobra la angustia de las deudas.

Carlos Alberto Roble




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