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30-09-2026  |  Internacionales 27
    

Rusia amenaza con usar armas nucleares contra los países de la OTAN en plena escalada de tensión en el Báltico








Rusia ha entrado en una nueva escalada de amenazas contra la OTAN y sus aliados. Moscú ha acusado a la Alianza de estar preparando posibles acciones para bloquear Kaliningrado, un territorio en la zona báltica, y ha advertido que estaría dispuesta a recurrir a sus armas nucleares si la organización militar intenta aislar de alguna manera el enclave situado entre Polonia y Lituania.

En una nota diplomática enviada al Gabinete del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Rusia cita algunos movimientos de la Alianza —de la que forma parte España— y la acusa de adoptar una postura peligrosa e imprudente hacia Moscú y el territorio ruso de Kaliningrado.

Además, recalca que sus acciones tienen “alto riesgo de derivar en un conflicto armado directo”, según la nota informal, adelantada por la Agencia estatal rusa Tass y Reuters y que ha podido confirmar EL PAÍS.

Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el Kremlin ha aplicado una estrategia sistemática de chantaje atómico contra los aliados europeos de Ucrania cuando aumentan el apoyo al país invadido o cuando se refuerzan. Ahora, la nueva amenaza de Rusia contra la Alianza incluye la posibilidad de llevar a cabo “ataques rusos contra centros de toma de decisiones en los Estados miembros de la alianza desde el principio”.

La nueva amenaza se produce en medio de una escalada de tensión en el Báltico por el aumento de los ataques híbridos del Kremlin contra los aliados de la OTAN. Desde sabotajes a incursiones con drones, sobrevuelos militares intimidantes y campañas de desinformación. El lunes, la alta representante para Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea, Kaja Kallas, aseguró que la UE dispone de información de inteligencia de que el Kremlin se prepara para nuevos ataques híbridos contra Europa. Mientras, la OTAN ha reforzado su presencia en el flanco este, ha desplegado más tropas en Lituania y ha realizado maniobras aéreas multitudinarias en la región.

“Rusia estará preparada para utilizar todo el arsenal de fuerzas y capacidades a su disposición, incluidas las armas nucleares, para defender su territorio si los países de la OTAN emprenden algún intento de aislar la región de Kaliningrado del resto del país”, advierte Moscú, en el documento enviado, que no está firmado por ningún alto cargo del Estado ruso y que está clasificado como una “nota informal”. En el escrito, Rusia critica las maniobras militares de la OTAN en la región y la misión que ha desplegado la organización para proteger la infraestructura crítica submarina en el mar Báltico (Baltic Sentry).

Fuentes de la Alianza Atlántica definen la nota como “intolerable”, pero la organización militar no ha elevado su nivel de alerta. La organización ha respondido a Rusia exhortándola a que cese la invasión a gran escala sobre Ucrania, una guerra que va camino de su quinto aniversario, y que se abstenga de mantener un “comportamiento cada vez más temerario” también contra los aliados. En su misiva de respuesta, la organización ha asegurado, además, que sus maniobras y actividades “no representan ningún riesgo para ninguna parte de Rusia”.

“Somos una alianza defensiva”, ha zanjado Rutte este miércoles en una intervención en la cadena Euronews. El responsable ha definido como “innecesaria e inútil” la advertencia rusa y, aunque ha precisado que no se toma en serio la nueva amenaza del Kremlin, ha lanzado: “Putin sabe que nunca podrá ganar [contra] la OTAN”.

Esta vez, la nueva ola de tensión es a cuenta de Kaliningrado, un enclave ruso estratégico en el mar Báltico, que por su situación entre Polonia y Lituania —es decir en medio de la UE y la OTAN— ha sido un foco de crisis desde hace décadas, y más aún tras la invasión a gran escala. La situación se caldeó aún más por las amenazas rusas tras la adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN (en 2024 y 2023), que supuso una expansión de la organización militar en la región.

El territorio ruso opera como una pinza estratégica que, junto a Bielorrusia, podría en teoría cerrar el llamado corredor de Suwalki y aislar a los países bálticos en cuestión de horas. Además, Rusia mantiene allí grandes capacidades militares, como misiles, pero teme que la Alianza (y más desde la incorporación de Finlandia y de Suecia) imponga un bloqueo naval completo en el Báltico interceptando buques que van hacia el enclave.

Moscú utiliza el enclave también como una de sus grandes plataformas en su guerra híbrida hacia Europa. Las agencias de inteligencia europea han asegurado que Rusia ha lanzado desde allí, por ejemplo, acciones para bloquear el sistema GPS en la región.

El enclave, no obstante, también supone un punto vulnerable para el Kremlin precisamente por su localización y por la dificultad de abastecer a Kaliningrado o reforzarla en caso de conflicto militar.

Política del miedo
Esta no es la primera vez que Moscú amaga con la amenaza de una guerra. A lo largo de estos casi cinco años de invasión ha pintado diferentes líneas rojas a medida que Kiev recibía gradualmente munición, tanques y misiles modernos de sus aliados occidentales. El Kremlin también elevó su retórica bélica en torno a Kaliningrado en la primavera de 2023, cuando el bloque reafirmó su apoyo militar a Ucrania. Y en febrero de este año, el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) aseguró tener datos de que Reino Unido y Francia estaban ayudando a Kiev a disponer de bombas radioactivas, acusación que ambos países tacharon de “absurda”.

“Los funcionarios rusos, conocidos por su impresionante historial de mentiras, intentan una vez más fabricar el viejo y absurdo relato de la bomba sucia”, agregó entonces Heorhii Tykhyi, portavoz del Ministerio de Exteriores de Ucrania.

Asimismo, Putin firmó en 2024 una actualización de su doctrina nuclear que contempla el uso de armas de destrucción masiva en el caso de sufrir un ataque convencional contra su territorio, el mismo escenario dibujado en la amenaza de este martes y en otras ocasiones cuando las negociaciones de paz o los combates en el frente no iban con el viento de su parte. Por ejemplo, en 2024, cuando amenazó con usar “armas que pueden destruir la civilización” después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, propusiese desplegar tropas de paz europeas en Ucrania.

Esa política del miedo en torno a la amenaza nuclear es parte de la propaganda del régimen. De manera recurrente la televisión estatal rusa emite gráficos interactivos que detallan cuántos segundos tardaría un misil nuclear lanzado desde Kaliningado en alcanzar y destruir París, Varsovia, Berlín o Londres.

El Kremlin ha asegurado que este tipo de advertencias, como la enviada a la OTAN, son “naturales”. “Rusia está recabando las declaraciones de las capitales europeas sobre los planes para bloquear la región de Kaliningrado y las considera indignantes”, ha manifestado el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, haciendo referencia a la doctrina nuclear rusa. “Es perfectamente lógico que nuestros diplomáticos intenten recordar a los extremistas europeos nuestros documentos sobre este tema”, ha remarcado.



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