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08-08-2026  |  Locales 10
    

Formosa. Política y equidad salarial: El equilibrio con la gente adentro



(Por Lic. Faustino C. Duarte)




Hay decisiones que se explican solas y decisiones que hay que leer dos veces. La que anunció el gobernador Gildo Insfrán este viernes pertenece al segundo grupo, no por complicada, sino porque su verdadero contenido no está en el número sino en el método.
Quince por ciento para los agentes de la administración pública provincial, en tres tramos de cinco puntos entre agosto y octubre. Con el catorce por ciento otorgado en el primer semestre, veintinueve por ciento acumulado en el año. Alcanza a los beneficiarios de la Caja de Previsión Social y del Instituto de Pensiones Sociales. Y se paga con recursos corrientes del presupuesto. Sin deuda.
Esa última palabra vale más que todas las anteriores.
Porque la historia argentina, si algo enseña, es que la deuda nunca fue un instrumento contable. Fue un dispositivo de mando. Desde el empréstito Baring de 1824, que llegó al país convertido en papeles y se fue en libras durante un siglo, hasta el crédito del Fondo que todavía condiciona cada línea del presupuesto nacional, el endeudamiento operó siempre del mismo modo: entrega el presente y embarga el futuro.
Perón lo entendió temprano. Por eso el 9 de julio de 1947, en la misma casa de Tucumán donde se había declarado la independencia política, firmó el Acta de la Independencia Económica. No fue un gesto ornamental. Fue la afirmación de que un pueblo que debe, obedece.
Insfrán viene repitiendo esa fórmula desde hace años con una obstinación que a los porteños les resulta incomprensible y a los formoseños les resulta salario. Cada anuncio salarial de la provincia lleva la misma coletilla técnica: financiado íntegramente con recursos corrientes, sin acudir a endeudamiento. Lo mismo ocurrió cuando la Nación eliminó el FONID y la provincia decidió absorberlo con fondos propios.
Ahora bien, ¿qué es lo que está del otro lado de esta decisión?
Conviene mirar los números nacionales sin apasionamiento. El IARAF proyecta para 2026 una masa salarial pública treinta y tres por ciento (33%) inferior a la de 2023, una inversión nacional setenta y seis por ciento (76%)por debajo de aquel año y transferencias de capital a las provincias reducidas en un noventa y cuatro por ciento (94%). El gasto primario cae cerca de un treinta por ciento(30%) acumulado. Todo eso para sostener una meta de superávit primario del 1,4% del producto, comprometida con el Fondo Monetario Internacional.
No es una interpretación militante. Es la aritmética del propio programa.
El punto no es que haya equilibrio fiscal. El punto es de dónde sale.
Y de dónde sale define una doctrina completa. El ajuste de Milei no hizo desaparecer el déficit: lo mudó de domicilio. Salió de la planilla del Tesoro nacional y entró en el bolsillo del jubilado, en la escuela que espera un techo, en el camino rural que ya nadie arregla. Entró, sobre todo, en las cuentas de las provincias y los municipios, que quedaron con las mismas responsabilidades de siempre y sin los recursos que las acompañaban. Lo que en Buenos Aires se anota como superávit, en el interior se paga en caja.
Ya lo vivimos. En julio de 2001, la ley de déficit cero recortó trece por ciento los sueldos y las jubilaciones para cerrar las cuentas. Cerraron las cuentas. Cinco meses después no quedaba país.
La doctrina justicialista tiene una respuesta vieja y sencilla para esto, y no requiere posgrado. Perón la formuló en La Comunidad Organizada: el hombre es el fin de la economía, jamás su medio. La Constitución de 1949 le dio forma jurídica en su artículo 37, cuando estableció el derecho del trabajador a una retribución justa como derecho, no como concesión ni como variable de ajuste.
Ahí está la diferencia entera. Para una tradición, el salario es un costo que hay que bajar. Para la otra, es el punto de partida de todo lo demás.
Arturo Jauretche llamaba zonceras a esas frases que se repiten hasta que parecen sabiduría. «No hay plata» es la zoncera perfecta de esta época, porque desplaza la única pregunta que importa. Nunca se discute si hay plata. Se discute hacia dónde va. Hubo plata para bajar retenciones, hubo plata para sostener el tipo de cambio, hubo plata para pagar intereses. Lo que se decidió es que no hubiera para el que se levanta a las cinco de la mañana.
Formosa decidió otra cosa. Con una economía chica, sin puerto, sin renta extraordinaria, sin los recursos que otras jurisdicciones dan por descontados. Con lo que hay.
Esto no significa que el aumento resuelva el problema. Ningún gobernador puede compensar por sí solo una inflación nacional, un tarifazo nacional y una recesión nacional. Los gremios tienen todo el derecho de discutir si el porcentaje alcanza, y esa discusión es sana; forma parte del mismo modelo que la habilita. La fuerza del dialogo,como bien lo supo señalar ElPapa Francisco,sigue siendo la opcion correcta para generar repuestas positivas hacia la comunidad.
Lo que sí significa es que en un mapa donde el ajuste se presenta como destino inevitable, hay un lugar donde alguien decidió que no lo era.
Ese es el fondo del asunto, y por eso irrita tanto. Porque si una provincia postergada del norte argentino puede cerrar sus cuentas sin endeudarse y aumentar salarios al mismo tiempo, entonces el relato de la motosierra pierde su carácter de ley natural y vuelve a ser lo que siempre fue: una elección política, tomada por alguien, en favor de alguien, de un sector …
El equilibrio fiscal no es de derecha ni de izquierda. La pregunta es quién queda adentro.
Y en la Argentina lo mejor que tenemos, decía Peron y lo plasmo en la doctrina, sigue siendo el pueblo.


Lic. Faustino C. Duarte




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