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22-07-2026  |  Locales 29
    

Mercado del Puerto: “Estamos aportando capital desde hace más de un año; si no hay cambios, habrá que cerrar”








El escenario mercantil en la capital formoseña atraviesa transformaciones estructurales y contracciones alarmantes. Lo que durante un periodo prolongado funcionó como un polo neurálgico de compras y punto de encuentro clave para las familias locales, hoy exhibe las secuelas de un esquema económico resentido. La merma del movimiento en el Mercado del Puerto expone una coyuntura signada por la retracción del poder adquisitivo, la expansión del comercio digital y costos operativos que complican la viabilidad del sector.

El gerente del complejo comercial, Javier Shattner, brindó un panorama sobre la situación operativa que afrontan, la desocupación de locales y las sombrías perspectivas de cara al futuro cercano.

Con una infraestructura diseñada para albergar 80 puestos en su área habilitada, las instalaciones operan actualmente a un porcentaje significativamente menor de su capacidad total. Ante la consulta periodística sobre la cantidad de firmas en funcionamiento, la gerencia precisó que el predio cuenta hoy con apenas “entre un 30 a 35 locales más o menos” operativos, marcando una vacancia superior al 50% de la superficie disponible.

Al indagar en las causas profundas que impiden completar los espacios en un sector geográfico caracterizado históricamente por un intenso flujo de transeúntes, la conducción administrativa apuntó directamente al vaciamiento de la zona. En sus declaraciones, remarcó que “justamente la zona del mercadito paraguayo dejó de tener el tránsito que tenía antes por una evidente sequedad de la clientela”.

Esta menor afluencia no constituye un fenómeno aislado. La migración del consumo hacia canales informales e internet reformuló el uso tradicional del suelo comercial. Frente a la irrupción acelerada de las ventas digitales y las redes sociales, se constata un cambio operativo: “hay mucha venta por internet, inclusive algunos puesteros usan el puesto para entregar ahí la mercadería”, señaló el directivo, revelando cómo el espacio físico perdió su función primaria de exhibición para convertirse, en muchos casos, en mero punto de retiro de productos.

Lejos del dinamismo de otros años, la diversificación de rubros dentro del predio se ha estrechado notablemente. Consultado sobre si la indumentaria sigue marcando el perfil predominante del vendedor, Shattner aclaró la configuración actual del complejo: “en este momento hay una gran mayoría de celulares, y después viene ropa; se instaló también una peluquería, pero no se ve mucho interés en el desarrollo comercial”.

El escaso interés por emprender o mantener un punto fijo responde al desplome generalizado de la capacidad de compra familiar. En palabras del propio responsable de la gestión del predio, la causa madre de este fenómeno es inequívoca: “es evidente que el público en general ha tenido una reducción de su poder económico enorme; la plata no le alcanza a nadie”.

A pesar de ofrecer un modelo de gestión accesible donde el canon diario incluye expensas, limpieza, energía eléctrica y la habilitación municipal previa —permitiendo que el comerciante simplemente deba “descargar su camioneta, descargar su mercadería y empezar a vender”—, la rentabilidad se ve neutralizada por la alta carga fiscal.

Uno de los puntos más críticos expuestos estuvo centrado en la estructura de costos que demanda sostener un predio de esta magnitud. Al ser consultado sobre el peso de las tarifas públicas como la luz y la modalidad de cobro hacia los inquilinos, la conducción dejó en claro cuál es el verdadero obstáculo financiero del sector.

Shattner enfatizó de manera tajante que “el mayor costo es impositivo; la sumatoria de todos los impuestos es insoportable”. Esta carga tributaria golpea directamente la contabilidad del centro comercial, volviendo sumamente compleja la cobertura de los gastos fijos mensuales.

Ante la falta de rentabilidad y la pronunciada baja en las ventas, la firma privada detrás del emprendimiento debió recurrir a un esfuerzo financiero extraordinario para mantener abiertas las puertas del complejo. Sin embargo, los límites temporales de este auxilio interno parecen estar agotándose.

Respecto de la viabilidad de la iniciativa comercial y las proyecciones a mediano plazo, Shattner fue contundente: “en realidad estamos esperando y financiando con capital propio el déficit que se genera mensualmente, esperando a ver si va a haber algún tipo de cambio; si no, habrá que cerrar”. Al ser repreguntado sobre el margen de tiempo para sostener esta pérdida contable, concluyó confirmando que “estamos aportando capital desde hace bastante más de un año”.

El quiebre definitivo del modelo comercial tradicional de la zona céntrica tuvo su punto de inflexión durante la pandemia de 2020-2021, periodo que consolidó el auge de las redes sociales y la venta independiente desde el hogar.

A este factor se sumó un fenómeno geográfico y urbanístico determinante: la descentralización de los polos de compras en Formosa. El encarecimiento de los alquileres céntricos empujó a numerosos comerciantes a trasladarse e instaurar nuevas arterias comerciales fuera del casco histórico, destacándose corredores como las avenidas Italia, Néstor Kirchner y la zona norte de la ciudad. Esta mutación restó gravitación al centro comercial del puerto al ofrecer a los vecinos del Circuito 5 y barrios aledaños ofertas comerciales de proximidad sin necesidad de desplazarse.

La combinación de un proceso recesivo generalizado, la transformación tecnológica del consumo, la fragmentación geográfica de la demanda y una presión fiscal calificada de insoportable configuran una encrucijada determinante para el histórico paseo de compras, cuya continuidad pende hoy de un hilo.





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