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01-07-2026  |  Locales 26
    

Perón: Un legado de inclusión social y soberanía nacional



(Por Lic. Faustino Duarte)




El 1° de julio no es una fecha quieta en el calendario justicialista. No se recuerda solamente la muerte de Juan Domingo Perón, ocurrida en 1974, cuando ejercía por tercera vez la Presidencia de la Nación. Se mide, sobre todo, cuánto de aquella doctrina sigue vivo en la organización concreta de un pueblo. Porque los hombres mueren, aun los imprescindibles. Lo que no muere, cuando fue sembrado en la historia profunda, es una idea capaz de volver a caminar con otros nombres, otros paisajes y otras generaciones.

Perón no dejó una liturgia para repetir. Dejó una arquitectura política. Justicia social, independencia económica y soberanía política no fueron consignas para decorar paredes, sino el trípode de una Nación que debía dejar de mirarse con ojos ajenos.

Su enseñanza más perdurable fue que la política no podía reducirse a administración, mercado o espectáculo. La política, para el justicialismo, era la herramienta de realización del hombre en comunidad.

Ahí aparece Formosa. El Modelo Formoseño no puede entenderse como una simple gestión provincial ni como una sucesión de obras públicas. Su raíz es más honda. Es la adecuación, en tierra formoseña, de aquella doctrina nacional que puso al Estado al servicio de la comunidad y no al revés.

Por eso su eje no es el individuo aislado, librado a la suerte del mercado, sino la persona situada: el niño que necesita escuela, el productor que necesita camino y agua, la familia que necesita salud, la comunidad originaria que necesita derechos reales y no discursos compasivos.

La diferencia es central. El liberalismo mira el territorio como costo. El justicialismo lo mira como patria. Para una planilla, una obra en un paraje puede no cerrar. Para una doctrina nacional, popular, humanista y cristiana, esa obra cierra donde debe cerrar: en la vida de la gente. Ese es el punto donde Perón deja de ser bronce y vuelve a ser presente.

La Comunidad Organizada, pronunciada por Perón en 1949 en el Congreso Nacional de Filosofía, no fue un adorno intelectual. Fue el intento de darle fundamento espiritual, moral y político a un país que quería crecer sin romper su tejido social. Allí está la idea madre: nadie se realiza solo, nadie se salva solo, ninguna comunidad se engrandece dejando atrás a los débiles.

Formosa tomó esa matriz y la volvió geografía. La convirtió en rutas, escuelas, centros de salud, conectividad, agua potable, energía, producción con productores, deportes, cultura, arraigo rural. No como piezas sueltas, sino como una concepción del desarrollo.

En el discurso de apertura de sesiones de 2026, el propio Gobierno provincial definió al Modelo Formoseño como la ejecución provincial del proyecto de Juan Domingo Perón para la Argentina, con un Estado ordenado, inversión pública y planificación territorial.

Eso explica por qué la obra pública, en Formosa, no es cemento frío. Es justicia social endurecida en el suelo. Una escuela en el oeste, una red de agua en una comunidad rural, una línea eléctrica en un paraje o un hospital en una localidad alejada dicen más sobre la doctrina que cien discursos de ocasión.

Perón entendía que la libertad sin condiciones materiales era apenas una palabra elegante. Formosa lo tradujo a su modo: igualdad de oportunidades donde antes mandaba la distancia.

La Constitución provincial también guarda esa marca. No habla de una comunidad abstracta. Reconoce a las organizaciones libres del pueblo y afirma que el Estado formoseño tiene como objetivo que todos los sectores trabajen por la felicidad del pueblo y la grandeza de la Provincia y de la Patria. No es una frase menor. Es doctrina escrita en el cuerpo jurídico de una provincia.

En tiempos donde se pretende presentar al Estado como enemigo, Perón vuelve a incomodar. Porque su doctrina recuerda que el Estado no es una carga cuando organiza, planifica y protege. La carga verdadera es el abandono. La carga verdadera es decirle a una familia del interior profundo que espere al mercado. La carga verdadera es llamar libertad a la soledad del más débil.

Por eso la vigencia de Perón en Formosa no está en la nostalgia. Está en la decisión política de sostener una comunidad organizada frente a una época que empuja a la fragmentación. Está en defender la producción local cuando la especulación financiera seduce al país central. Está en cuidar la escuela pública cuando otros la convierten en gasto. Está en afirmar que el desarrollo no puede concentrarse en las capitales ni medirse solamente por rentabilidad.

Perón enseñó que el gobierno debe defender un solo interés: el del pueblo. En el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, esa idea aparece unida a dos finalidades esenciales: la grandeza de la Nación y la felicidad de su pueblo. Ese hilo doctrinario atraviesa la experiencia formoseña cuando se habla de equidad territorial, de justicia social y de una provincia pensada desde sí misma.

A 52 años de su paso a la inmortalidad, Perón no necesita defensores de museo. Necesita realizadores. Hombres y mujeres capaces de comprender que una doctrina se honra cuando se la encarna en decisiones, presupuestos, caminos, escuelas, hospitals, salarios, producción y comunidad. Lo demás es homenaje vacío.

Por eso, este aniversario no mira solamente hacia 1974. Mira hacia Formosa. Mira hacia una provincia que hizo de la doctrina justicialista una forma de gobierno, una pedagogía política y una manera de plantarse ante el país. Perón está vigente allí donde el pueblo no es número, donde la patria no se vende, donde la comunidad no se abandona y donde la justicia social sigue siendo el nombre más concreto de la dignidad.

Lic. Faustino Duarte




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