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Egipto avanza de fase por primera vez en su historia con un dramático cierre ante IránEgipto e Irán querían hacer historia esta noche. Ninguno de los dos equipos había superado antes la fase de grupos y llegaron al encuentro en un grupo donde nada estaba definido. El polémico partido del Orgullo, contra el que ambos protestaron, ha terminado por ser un dramático empate a un gol, mientras Bélgica, a más de 200 kilómetros, alteraba las posiciones de la tabla con cada tanto que le marcaba a Nueva Zelanda. Finalmente, la clasificación se la ha llevado Egipto en el segundo lugar, mientras los guepardos tendrán que esperar para saber si alcanzan los dieciseisavos como uno de los mejores terceros. Todos los equipos en el grupo G seguían con vida cuando empezó la tercera jornada y dependían tanto de su resultado como del otro encuentro. Egipto llegó como líder, pero podía caer hasta el tercero con distintas combinaciones. Le seguía Irán, también muy expuesto a bajar de puesto, mientras Bélgica se aferraba a la clasificación frente a Nueva Zelanda. Los belgas mostraron una versión que no habían encontrado en los dos primeros encuentros y mantuvieron a Egipto al filo del asiento. Primero, segundo, primero, segundo. Se trata del cuarto Mundial consecutivo de Irán, mientras Egipto regresó tras su ausencia en Qatar. Ambos anhelaban el pase a dieciseisavos. Con apenas cuatro minutos de juego, Mahmoud Saber adelantó a Egipto con un disparo que pasó por debajo de las piernas de Alireza Beiranvand. Poco después, los persas encontraron una oportunidad de oro con un penalti señalado sobre Mehdi Taremi, capitán, goleador y cuatro veces mundialista. Mohamed El Shenawy salvó a Egipto, pero apenas seis minutos más tarde Ramin Rezaeian marcó el empate. Mohamed Salah, que no ha tenido su mejor participación, lo intentó un par de veces por la banda derecha, pero su equipo, desordenado, no supo concretar y se marchó molesto al banquillo en el minuto 55. Los guepardos, como ya habían hecho en los dos primeros partidos, optaron por levantar un muro defensivo que desesperó por momentos a los faraones. También llegaron algunas pelotas a los botines de Taremi, sin mucho éxito. Los últimos minutos fueron los más frenéticos. Irán tardó en recuperarse del golpe anímico del penalti fallado, pero volcó el juego sobre la portería de Mohamed El Shenawy cuando faltaban 10 minutos. En el 93, Shoja Khalilzadeh hizo el milagro para Irán. Ramin Rezaeian centró un balón parado que se paseó entre la locura del área chica para caer en la derecha de Khalilzadel, que encontró el espacio pese a la atajada del portero, para anotar el gol. El festejo retumbó hasta las lágrimas. La locura en el banquillo, las gradas y las gafas que Khalilzadeh se colocó para las cámaras, eran prueba de lo que esa victoria significaba para Irán. Pero minutos después apareció el VAR que quebró la alegría por un trozo de pie milimétricamente adelantado, según la tecnología. Un impulso final más, coronado con un disparo al poste a segundos del pitido, no ha sido suficiente. Un penalti fallado. Un gol anulado. Un poste en el minuto 90. Irán lo ha resistido todo, al igual que fuera de la cancha. Aun en guerra con Estados Unidos, el país se plantó en el torneo pese a las trabas diplomáticas, los desaires del presidente Donald Trump y el rechazo para concentrarse en el país donde disputa el torneo. Irán ha terminado tercero y podría quedar eliminado sin haber perdido un solo partido. La noche se la lleva Egipto, pese a que Kevin De Bruyne y compañía le arrebató el primer lugar. Este era un juego en que ninguno de los dos equipos quería participar. En diciembre, cuando el sorteo de la FIFA arrojó que el Egipto-Irán coincidiría con el Partido del Orgullo Gay, promocionado como tal por Seattle, ciudad sede del encuentro, ambas federaciones —cuyos países mantienen leyes que criminalizan la homosexualidad— protestaron. La FIFa, que evadió el tema e intentó deslindarse de los festejos, confirmó este jueves que se podía mostrar abiertamente el apoyo a la comunidad LGTBIQ+ dentro del estadio de Seattle. Aunque la celebración no está organizada directamente por el máximo organismo del fútbol, se empalmó con el fin de semana del Orgullo en una de las ciudades más progresistas de Estados Unidos. El Mundial es “un evento inclusivo que da la bienvenida a personas de todos los orígenes”, aseguró la FIFA al recordar que las banderas arcoíris están permitidas por considerarlas “expresiones generales de derechos humanos”. El juego terminó sin polémica en el estadio por el Pride, aunque sí por la decisión del VAR.
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