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25-05-2026  |  Locales 29
    

De Mayo a Tucumán: El camino a la libertad real que el mercado no entiende



(Lic. Faustino “Yiyo” Duarte)




Hay una operación que la historia argentina ya conoce y conviene desarmar otra vez. Consiste en tomar la palabra más noble de nuestra emancipación y vaciarla hasta dejarla del tamaño de una góndola.
El 25 de mayo de 1810 no nació una nación terminada. Nació un camino. Aquel Cabildo no declaró la independencia, todavia, pero hizo algo más decisivo: instaló la pregunta de la que ya no se podía volver. Si los pueblos podían reasumir la soberanía ante la caída del rey, entonces el poder dejaba de bajar desde la corona y empezaba a subir desde abajo. Esa fue la primera piedra. Lo que siguió, las campañas, los congresos, las marchas y los desencuentros, fue el desarrollo de una semilla sembrada en Mayo.
Por eso Mayo y Tucumán no son dos fechas sueltas en el almanaque. Son el principio y el final de un mismo gesto. En 1810 los pueblos se animaron a gobernarse en nombre de un rey cautivo. En 1816, ya sin máscara, se animaron a no tener rey. El primer paso hizo posible el último.
Y conviene subrayar qué clase de libertad se jugaba en ese recorrido. No era el capricho de un individuo a solas con su propiedad. Era el acto político de una comunidad que decidía dejar de ser colonia.
Cuando el Congreso de Tucumán cerró el proceso, no se conformó con romper el vínculo con España. Agregó la renuncia a toda otra dominación extranjera, porque había aprendido en esos seis años que el peligro no era solo el rey que se iba, sino el amo nuevo que podía llegar disfrazado de socio.
Esa cláusula es la que el presidente Milei no leyó. O leyó, y la combate.
Conviene ser justos con el adversario, que es la única forma seria de refutarlo. Milei no improvisa. Se apoya en una tradición con pergaminos, la que va de Constant a Hayek, y la sostiene con convicción. En Davos llegó a decir que el capitalismo de libre empresa era el único sistema moralmente deseable para terminar con la pobreza. Un año más tarde fue más lejos y denunció que habíamos pasado de los derechos negativos a la vida, la libertad y la propiedad, a una cantidad artificialmente infinita de derechos positivos.
Ahí está dicho todo. Para esta doctrina, que un niño/niña tenga acceso a escuela publica no es un derecho sino un capricho que alguien paga. La libertad se reduce a que nadie te toque el bolsillo.
Pero el propio Isaiah Berlin, autor de “Dos conceptos de libertad” que Milei invoca como maestro, advirtió lo que sus discípulos prefieren olvidar. La libertad de los lobos, escribió, ha significado muchas veces la muerte de las ovejas. El maestro vio el abismo. El alumno lo presenta como paraíso.
La historia argentina ya transitó esa libertad. Se llamó régimen del 80. Hubo entonces una libertad amplísima para exportar, para concentrar la tierra, para endeudar al país y para fraguar a espalda del pueblo. Era la libertad de unos pocos sostenida sobre la falta de libertad de la mayoría. Aquella república tenía mercado, tenía contratos, tenía propiedad sagrada. Lo que no tenía era pueblo adentro de sus decisiones. Justo lo contrario de lo que se había buscado en Mayo, cuando el pueblo entró por la fuerza en la sala donde antes solo decidían unos pocos.
El peronismo nació, mucho después, en 1945, como corrección de esa estafa.
Perón comprendió algo que un economista de pizarrón no termina de entender. Que un hombre con hambre no es un hombre libre, es un hombre disponible. Disponible para el patrón que fija el salario, para el usurero que fija la tasa, para el que ofrece changa a cambio de silencio. La necesidad es la forma más eficaz de servidumbre, porque no precisa cadenas. Le alcanza con el miedo a no tener la posibilidad de susbsistir.
Por eso la doctrina justicialista no opuso libertad a justicia social, como pretende el relato libertario. Las pensó como una sola cosa. Soberanía política, independencia económica y justicia social no son tres consignas sueltas. Son las condiciones sin las cuales la libertad que se proclamó en Mayo termina siendo un papel pintado.
Hay además una raíz que Milei amputa. En La Comunidad Organizada, Perón recupera una idea vieja como Aristóteles: el hombre no se realiza encerrado en sí mismo, se realiza con otros, en una comunidad que lo antecede y lo hace posible. No somos átomos que firman contratos. Somos hijos de un pueblo que nos enseñó hasta la lengua con la que ahora discutimos. El mismo pueblo que en 1810 descubrió que podía hablar por sí mismo.
El individualismo de mercado invierte ese orden. Pone primero al individuo y después, si sobra tiempo, a la sociedad, entendida apenas como una suma de transacciones. Es una antropología empobrecida. Cree que la patria es un shopping y que el ciudadano es un cliente.
No lo es. Una nación no se sostiene con la mano invisible. Se sostiene con la mano visible de millones que producen, enseñan, curan y se cuidan entre sí, muchas veces gracias a un Estado que el credo libertario quiere demoler en nombre de una libertad que solo unos pocos podrán pagar.
Que quede claro, porque el matiz importa. Nadie defiende al Estado torpe, al burócrata que vive del esfuerzo ajeno, a la dádiva que compra voluntades. Esa crítica es legítima. El problema no es exigirle eficacia al Estado. El problema es confundir al Estado con el enemigo y entregar la libertad a la única fuerza que no rinde cuentas a nadie, el poder económico concentrado.
Mayo no se hizo para eso.
No se dio el primer paso de la emancipación para terminar arrodillados ante un mercado. No se reasumió la soberanía de los pueblos para devolverla, años de lucha después y envuelta para regalo, a los dueños del capital.
La verdadera pregunta, frente a un nuevo aniversario de aquel Mayo, no es si amamos la libertad. La amamos todos, hasta los que la traicionan en su nombre. La pregunta es de quién es esa libertad. Si es la del que ya tiene todo y solo pide que no lo molesten, o la del pueblo que en 1810 empezó a pelear por tener algo y todavía no terminó de concretarlo.
Los hombres de Mayo dieron el primer paso hacia la segunda. Algunos, hoy, prefieren la primera y la disfrazan de gesta.
La historia, y el Pueblo que es paciente, y no esta dipuesto a claudicar, ya sabe distinguir una cosa de la otra.Como estonces, como siempre uNIDOS, SOLIDARIOS Y ORGANIZADOS. VIVA LA PATRIA!!

Lic. Faustino “Yiyo” Duarte

Licianciado en Historia
Prof. de Historia
Escritor




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