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Crónicas de un alba: El día que la tiza dibujó la palabra “cooperación” en las aulas de FormosaLina simboliza la educación que integra escuela, producción y comunidad en un mismo proyecto de futuro cooperativo. José Yorg, anunció que en el marco de la recuperación de la memoria pedagógica de nuestra provincia, las nuevas generaciones tienen el derecho de conocer a estos heroes educativos, por ello, iniciamos un recorrido por el legado de los pioneros que transformaron la educación pública: Ramón Gimenez, Santiago Calaffatich y Lina Friederich de Acuña. Hubo un tiempo en Formosa donde el aula dejó de ser un recinto de silencios para transformarse en un taller de voluntades. Entre las décadas del 70 y el 80, mientras el sol del alba iluminaba, tres nombres —Lina, Ramón, y Santiago— se encargaron de que el pizarrón no sólo dictara lecciones, sino que proyectara destinos. En el marco de la recuperación de la memoria pedagógica de nuestra provincia, iniciamos un recorrido por el legado de los pioneros que transformaron la educación pública. La primera semblanza nos lleva al encuentro de Lina Friederich de Acuña, la mujer que entendió que la escuela no solo enseña a leer, sino a convivir. En la historia de la educación formoseña, el año 1971 marca un antes y un después. Fue entonces cuando la visión estratégica de Lina Friederich de Acuña y Ramón Giménez cristalizó en un documento histórico: el Decreto Provincial Nº 391/71, que dio vida a la “Comisión Permanente de Cooperativismo Escolar”. Sin embasrgo, Lina no veía en la cooperativa escolar un simple ejercicio administrativo, sino un acto de crecimiento y producción. Fue la estratega que llevó el cooperativismo al corazón del currículum formoseño. Su labor, desarrollada con intensidad entre 1970 y 1980, permitió que cientos de docentes descubrieran que el esfuerzo compartido era la herramienta más potente para vencer la desigualdad. Lina y José Como docente y supervisora escolar en el Departamento Pilcomayo, imprimió a su gestión un fuerte compromiso territorial y una profunda convicción en la organización colectiva. Su legado emblemático se remonta a los años 70, en la Escuela de Frontera N° 6 de Laguna Blanca, donde impulsó la primera exposición de frutos que daría origen a la actual Fiesta Nacional del Pomelo. Para Lina, el pomelo no era solo un producto regional, sino un símbolo del trabajo y la identidad de los productores locales, que debía ser revalorizado desde la escuela como espacio de integración comunitaria. En la década del 80, su legado encontró continuidad en un hecho que marcaría la historia del cooperativismo formoseño. Durante una recorrida por el Departamento Laishí, Lina mantuvo un encuentro decisivo con un joven docente recién iniciado: José Yorg. Lejos de una relación jerárquica, aquel diálogo se convirtió en una transmisión de ideas y compromiso. Lina planteó a Yorg una concepción de la escuela como espacio de organización comunitaria, donde el docente debía asumir el rol de animador socio-cultural. Esa visión dejó una huella indeleble en Yorg, quien años más tarde se convertiría en uno de los principales referentes del cooperativismo en la provincia, contribuyendo junto a la profesora Ana María Ramírez Zarza al desarrollo de fundamentos que hoy tienen reconocimiento en la Ley de Educación Nacional N° 26.206, artículo 90.
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