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09-03-2026  |  Locales 27
    

EEUU y una obsesión peligrosa: de la alianza para el progreso al escudo bélico



(Por Lic. Faustino Duarte)




EL DISCO RAYADO DE LA HISTORIA
Hay una escena que se repite en la historia de este continente como un disco rayado, como esa pesadilla de la que no podemos despertar. Un presidente norteamericano convoca, sonríe, promete. Y un puñado de mandatarios latinoamericanos se acomoda en las sillas del fondo, bien peinados, esperando instrucciones.

En 1961 el escenario fue Punta del Este y la promesa se llamó «Alianza para el Progreso». Una propuesta que desde una perspectiva con mucho esfuerzo puede rescatarse la posibilidad de apertura en lo economico y el comercio. En 2026 el escenario fue el club de golf de Trump en Miami y la promesa se llama «Escudo de las Américas». Cambian los nombres, cambian las corbatas, pero la lógica es la misma: Estados Unidos necesita algo de nosotros y lo disfraza de cooperación.

LA ZANAHORIA Y EL GARROTE DE KENNEDY
Kennedy tenía un problema que se llamaba Cuba. Un barbudo en el Caribe había demostrado que se podía desafiar a Washington y seguir de pie. Entonces el joven presidente demócrata sacó la chequera: veinte mil millones de dólares para que América Latina se desarrollara y dejara de mirar hacia La Habana.

El diagnóstico no era malo; la trampa estaba en la letra chica. Junto con los créditos para escuelas y hospitales venía la «Doctrina de Seguridad Nacional», la «Escuela de las Américas» donde se entrenaron los futuros torturadores del Cono Sur, y una presión diplomática feroz para aislar a Cuba del sistema interamericano. La zanahoria venía con garrote, como siempre.

EL DESTINO DE LOS PRESIDENTES DEMÓCRATAS
¿Qué pasó con Argentina? Gobernaba Arturo Frondizi, un tipo que no era precisamente un revolucionario pero que entendía que un país serio no se alinea como un soldadito de plomo. Frondizi intentó una diplomacia de equilibrios: apoyar la «ALPRO» sin romper con Cuba, buscar inversiones sin entregar soberanía, dialogar con el Che Guevara en la misma semana que recibía al embajador norteamericano.

Esa independencia relativa le costó la presidencia. Las Fuerzas Armadas, adiestradas en el anticomunismo importado, lo voltearon en marzo del 62. Después vino Illia, otro demócrata auténtico que anuló los contratos petroleros leoninos y se negó a mandar tropas a Santo Domingo cuando Johnson invadió República Dominicana. También lo voltearon. Recién con Onganía el Pentágono encontró lo que buscaba: un militar obediente que adoptó la «Doctrina de Seguridad Nacional» como catecismo personal.

EL LEGADO DE CONTROL
La Alianza para el Progreso murió sin gloria. La desigualdad latinoamericana no se movió un centímetro. Los fondos se evaporaron entre la corrupción local y el desinterés de Washington tras la muerte de Kennedy. Lo que sí quedó fue la arquitectura de control: las fuerzas armadas entrenadas por el norte, las doctrinas de seguridad interna, los golpes de estado en cadena que ensangrentaron la región durante dos décadas. Ese fue el verdadero legado de la Alianza.

EL PRESENTE: EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS
Ahora miremos el presente. Sesenta y cinco años después, otro presidente republicano reúne a sus aliados regionales. Pero esta vez ni siquiera hay promesa de desarrollo. No hay veinte mil millones para escuelas ni hospitales. No hay ni una palabra sobre pobreza, desigualdad o salud pública.

El «Escudo de las Américas» es, desde su nombre, un dispositivo militar. Coalición anticártel, inteligencia compartida, entrenamiento de ejércitos por parte del Pentágono, tolerancia cero, fuerza letal. Y, por supuesto, cerrar la puerta a China. Porque de eso se trata, en el fondo: de que nuestros países no tengan la audacia de comerciar con quien les convenga.

LA EXCLUSIÓN Y LA OBEDIENCIA
Trump no se anda con sutilezas como Kennedy. El presidente de la mayor potencia del mundo firmó la declaración del Escudo en su propio club de golf, rodeado de doce mandatarios sentados en primera fila, y no invitó a México, ni a Colombia, ni a Brasil. ¿Qué hemisferio es ese que excluye a tres de las cuatro mayores economías de la región? Es el hemisferio de los que obedecen.

Y en esa foto estaba Milei, por supuesto, acomodado entre Bukele y Kast como en una reunión de franquiciados. Pero lo más grave no es la foto de Miami. Lo más grave es lo que pasó antes, en octubre de 2025, cuando Trump sentó a Milei en la Casa Blanca y delante de las cámaras del mundo le dijo: «Si pierde, no seremos generosos con la Argentina».

INJERENCIA Y RESPALDO ELECTORAL
Hablaba de las elecciones legislativas argentinas. De nuestras elecciones. Un presidente extranjero condicionando públicamente la ayuda financiera a un país soberano al resultado de sus comicios internos. Eso tiene un nombre en el derecho internacional y en la historia: se llama injerencia.

Y no es una injerencia cualquiera. Los veinte mil millones de dólares del swap, la compra de pesos por parte del Tesoro norteamericano para sostener el tipo de cambio en las semanas previas al 26 de octubre, la lluvia de tuits de Bessent tranquilizando a los mercados: todo eso fue una operación de respaldo electoral con recursos del Estado norteamericano volcados a influir en una elección argentina.

EL RECONOCIMIENTO DEL TRIUNFO AJENO
Y después, para que no quedaran dudas, el propio Trump se jactó. Dijo que Milei había recibido «mucha ayuda» de Estados Unidos. Dijo que estaba «un poco atrás en las encuestas» y terminó «ganando por goleada». Reposteó sin desmentir el análisis de Grabois: que el verdadero jefe de campaña de La Libertad Avanza fue Donald Trump. Se atribuyó el triunfo de un partido político en una elección argentina como si fuera un activo más de su cartera de negocios.

LA SOBERANÍA EN UN TWEET
Cualquier argentino que haya leído dos páginas de historia tiene que sentir un escalofrío. Porque esto ya pasó. La diferencia es que en los sesenta la injerencia era más o menos disimulada: golpes militares con apoyo encubierto de la CIA, presiones diplomáticas a puertas cerradas, condicionamientos financieros envueltos en retórica desarrollista.

Ahora es a cara descubierta. Trump dice «si pierde, no seremos generosos» y al día siguiente los mercados se mueven al compás de esa declaración. La soberanía argentina queda reducida a un tweet del Tesoro norteamericano. ¿Y Milei? Milei le responde «nuestras naciones nunca debieron dejar de ser aliadas» y viaja a Miami a sentarse en la primera fila del Escudo de las Américas.

INSERCIÓN INTELIGENTE O ENTREGA
Acepta que el canciller ya no sea un diplomático argentino sino que el verdadero interlocutor sea Pablo Quirno saludando a Rubio, Bessent, Hegseth. El mismo Milei que vocifera contra la casta y el Estado no tiene ningún problema en entregar la agenda de seguridad, la política comercial y hasta el calendario electoral a la voluntad de un presidente extranjero.

Hay una ironía que merece ser subrayada. Cuando Frondizi se reunió con el Che Guevara en 1961 para mantener un canal abierto con Cuba, las Fuerzas Armadas lo voltearon acusándolo de entreguista. Cuando Milei se arrodilla ante Trump, le entrega la llave de la política exterior y se compromete a una coalición militar diseñada por el Pentágono, eso no es entrega: es «inserción inteligente en el mundo». El doble rasero de siempre. Se puede ser colonia de Estados Unidos pero no socio de un país latinoamericano.

LA VIGENCIA DE LA TERCERA POSICIÓN
El peronismo, que ha cometido muchos errores y los seguirá cometiendo porque es un movimiento humano y no una secta de iluminados, tiene sin embargo una brújula que no se oxidó: la «Tercera Posición». No es un capricho ideológico ni una nostalgia sesentista. Es la comprensión, elemental y profunda a la vez, de que un país que se alinea incondicionalmente con una potencia pierde su capacidad de negociación, su margen de maniobra y, tarde o temprano, su dignidad.

Perón lo entendió en los cuarenta frente a Washington y a Moscú. Frondizi lo entendió a su modo y pagó con el golpe. Illia lo entendió y también pagó. Del Progreso al Escudo, la constante es la misma: Estados Unidos no tiene aliados en América Latina, tiene clientes. Y los clientes, cuando dejan de ser funcionales, se descartan.

EL COSTO FINAL
Que le pregunten a Frondizi. Que le pregunten a Guido. Que le pregunten a cualquiera de los mandatarios latinoamericanos que un día fueron recibidos con alfombra roja y al siguiente fueron desechados como piezas de un ajedrez ajeno. La pregunta que queda flotando, la que ningún libertario se anima a contestar, es muy sencilla: ¿qué va a pasar cuando Trump ya no necesite a Milei? ¿Cuando el próximo ciclo político norteamericano reordene las prioridades y la Argentina deje de ser el alumno aplicado para convertirse en un expediente cerrado?

¿Cuando los veinte mil millones del swap haya que devolverlos y el Tesoro de Washington ya no tenga interés en comprar pesos argentinos? Ese día, como siempre, los costos los van a pagar los de abajo. Los que no fueron a Miami. Los que no posaron en la foto. Los que siguen esperando, como esperaban en 1961, que alguna alianza con el norte resuelva por fin lo que solo puede resolverse con soberanía, trabajo y justicia social.

La historia, decía Perón, es maestra de la vida. Lástima que sus alumnos más necesitados siempre llegan tarde a clase.

Lic. Faustino Duarte

Lic en Historia. Prof. en Historia. Escritor





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