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04-03-2026  |  Locales 30
    

En defensa soberana: Fábrica que cierra, fábrica que se cooperativiza



Por José Yorg, el cooperario.





“El termómetro real del pueblo argentino: cuando la energía de un padre o una madre se agota únicamente en asegurar el alimento, la dignidad queda bajo ataque. No es solo un problema de precios, es un disciplinamiento por hambre donde la proteína (carne, leche, huevos) se vuelve un objeto suntuario, alejando al pueblo de una nutrición básica para pasar a una "dieta de subsistencia" que hipoteca la salud de los más chicos.

“Ese vaciamiento de la mesa es la prueba más cruel de la desconexión total de la dirigencia con la calle; mientras en los despachos se discuten porcentajes de inflación, en los barrios se discute cómo estirar un paquete de fideos para que alcance para todos. Es la realidad de un país rico con un pueblo expoliado que ve cómo su esfuerzo diario se lo traga un sistema diseñado para los que ya tienen todo”.

Cuando una fábrica cierra no se clausura solamente una unidad productiva: se intenta clausurar dignidad, soberanía y comunidad organizada. Cada persiana que baja —sea por abandono empresario o por crisis de gestión— expresa un modelo que subordina el trabajo a la lógica financiera.
La consigna “Fábrica que cierra, fábrica que se cooperativiza” debe comprenderse en toda su amplitud: no refiere únicamente a empresas privadas que cesan actividades, sino también a cooperativas que, por desvíos administrativos, endeudamiento o asfixia estructural, ingresan en procesos de quiebra o vaciamiento.

El caso paradigmático de SanCor —cooperativa láctea histórica de la economía social argentina— nos interpela profundamente. Cuando una cooperativa entra en crisis, no fracasa la doctrina cooperativa: fracasa una conducción, un contexto económico adverso o una estructura que perdió coherencia con los principios de gestión democrática y control social.

Por ello, la respuesta no puede ser la liquidación ni la extranjerización del patrimonio social construido durante décadas. La respuesta debe ser la recooperativización, es decir, la recuperación del control por parte de los trabajadores y asociados bajo estricta observancia de los principios establecidos por la Alianza Cooperativa Internacional y el marco regulatorio nacional que tutela el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES).

Una cooperativa que quiebra no debe ser entregada al capital concentrado como botín de oportunidad. Debe ser reorganizada democráticamente, auditada con transparencia y reencauzada hacia su misión originaria: servir al trabajo y a la comunidad.

Desde una perspectiva político-pedagógica, esto es fundamental:
la crisis no invalida el modelo cooperativo; lo desafía a profundizar su identidad.

En términos soberanos, permitir que una cooperativa estratégica desaparezca o sea absorbida por conglomerados multinacionales implica una pérdida doble: económica y cultural. Económica, porque se debilita el entramado productivo nacional; cultural, porque se erosiona la confianza en la autogestión solidaria.

Por ello afirmamos con mayor precisión y contundencia:

Empresa privada que cierra, cooperativa que nace.
Cooperativa que quiebra, cooperativa que se democratiza y se recupera.
Donde el capital abandona o distorsiona, el trabajo reorganiza.

La defensa soberana no es una consigna declamativa: es una praxis organizada.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!





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