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ASIMETRIA POLITICA: MILEI – INSFRAN. Dos discursos, dos Argentinas(Por Lic. Faustino C. Duarte) El contexto esta dado por el inicio de las sesiones tanto en el congreso Nacional como en la Legislatura Provincial. Por una lado el Presidente Milei, (Dr Honoris Causas y (?) con estudios superior en Economía, AVENIDO A LA POLITGICA DESDE LOS PROGRAMA DE TV que responden a grupo mediático hegemónicos, por el otro, el Dr GILDO INSFRAN, Egresado de la Facultad de Medicina, con trayectoria profesional y de vasta militancia política en campo nacional y popular,, transitando dese la concejalía, la diputación provincial y la Vice gobernación y hasta, por ahora, la Gobernación de Formosa. Hay discursos que buscan explicar la realidad. Y hay discursos que buscan negarla. La apertura de sesiones dejó expuestas, una vez más, dos concepciones antagónicas de país. No es una diferencia de estilo. Es una disputa histórica. De un lado, el mensaje del gobernador Gildo Insfrán, sustentado en la tradición nacional, federal y justicialista. Del otro, la palabra del presidente Javier Milei, atravesada por una mirada colonial, autorreferencial y profundamente desentendida de la experiencia histórica argentina. Milei volvió a construir su discurso desde el mito fundacional del liberalismo local: la herencia catastrófica. Todo empieza antes de él. Todo es ruina heredada. El país, según su relato, estaba al borde de la disolución moral, económica y social. Una Argentina a punto de convertirse en “Venezuela”, invocada una vez más como fantasma disciplinador. La historia aparece reducida a un inventario de fracasos ajenos que justifican cualquier ajuste presente y cualquier renuncia futura. No hay pueblo en ese discurso. Hay cifras, comparaciones forzadas y un enemigo abstracto. En el refrenaro popular «pelea con su sombra». El presidente no habla desde la Nación. Habla desde una doctrina importada. Rinde tributo a los próceres del liberalismo económico como si fueran padres fundadores, y coloca a la Argentina en un lugar de inferioridad estructural, casi naturalizada. Su relato no convoca a la comunidad organizada. Convoca al individuo aislado, culpable y temeroso. La patria, en ese esquema, es un obstáculo; el Estado, una anomalía; la soberanía, un estorbo ideológico. El contraste con el discurso de Insfrán es abismal, brutal. El gobernador de Formosa no parte de la negación del pasado, sino de su continuidad histórica. No habla de una Nación inviable, sino de un pueblo que resistió, que construyó y que volvió a levantarse cada vez que fue empujado a la periferia. Su mensaje no evade el conflicto global ni la crisis del orden internacional. Por el contrario, lo nombra y lo interpreta desde una tradición política que reconoce que sin soberanía no hay desarrollo posible. Mientras Milei normaliza la subordinación geopolítica y exhibe con orgullo la alineación irrestricta con Estados Unidos, Insfrán denuncia con claridad la entrega de la autonomía nacional y la renuncia a una política exterior digna. Donde uno se jacta de obedecer, el otro recuerda que la Argentina nació diciendo no. No es retórica. Es historia. Insfrán habla desde el federalismo real. Desde una provincia que, aun con recortes, discriminación presupuestaria y abandono nacional, sostiene superávit fiscal desde hace veinticuatro años consecutivos. No como dogma contable, sino como resultado de un Estado que planifica, invierte y cumple. Milei, en cambio, exhibe un superávit construido sobre el desfinanciamiento de provincias, el abandono de jubilados, la paralización de obras y la destrucción del tejido productivo. Uno ajusta para pagar.(favores al 3%?) Tal vez aquí vale recordar aquello de «… quien este libre de pecado …» (Ver. Juan 8.7) El otro administra para construir. El Modelo Formoseño que Insfrán reivindica no es una abstracción ideológica. Está hecho de hospitales, centros de salud, escuelas, rutas, energía, agua potable, conectividad y producción pública de medicamentos. Está hecho de salarios pagados en tiempo y forma, de obra pública terminada aun sin fondos nacionales, de inversión privada que llega porque hubo primero inversión estatal. Milei demoniza esa experiencia porque desmiente su dogma central: que el Estado es siempre el problema. La historia argentina ya vivió ese experimento. Y siempre terminó igual. En el discurso presidencial no hay Malvinas, no hay Vuelta de Obligado, no hay pueblo organizado. Hay un país que debe adaptarse, resignarse y obedecer. En el discurso de Insfrán hay memoria, hay conflicto y hay decisión política. Hay una provincia que no se arrodilla y que, desde el norte postergado, vuelve a recordar una verdad elemental del justicialismo: la Patria no se ajusta, se defiende. Entre ambos discursos no hay matices. Hay una frontera. De un lado, la Argentina colonia, culpable de existir, agradecida por ser tutelada. Una propuesta sicofantista de Política milr, cuando quien la impulsa es cómplice necesario en el caso Libra y los procesos que vinculan a su hermana la «Jefe». Del otro, la Argentina que persiste, que administra con responsabilidad y que entiende que sin Estado no hay Nación. La historia no suele ser neutral con estas encrucijadas. Y nunca absolvió a quienes confundieron obediencia con destino. Para es necesario también que quienes tienen responsabilidad en ámbito dirigencial del movimiento nacional asuman el desafío de recrear el protagonismo y generar un cauce activo de participación del campo nacional y popular. «El futuro no llega, se construye». Organización , Unidad y Solidad. Hasta la Victoria.. Lic. Faustino C. Duarte Lic. en Historia Prof. en Historia Escritor
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