La Corneta Noticias
13-09-2018  |  Internacionales 53
    

El incidente radiactivo de 1987 en Brasil que sigue cobrando vidas



Han pasado ya 31 años desde el incidente radiológico de Goiania, considerado uno de los peores en la historia de América Latina. Aqui te traemos la historia de este trágico evento que cambió, o incluso destruyó, las vidas de centenares de brasileños que ni siquiera eran conscientes del peligro que les aguardaba.




Todo comenzó con una idea que a primera vista parecía inofensiva. Dos lugareños de la ciudad brasileña de Goiania, Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira, entraron de manera clandestina en el Instituto Goiano de Radioterapia, una clínica abandonada, el 13 de septiembre de 1987. En el establecimiento, los hombres hallaron un aparato de radiografía y lo desmantelaron.

Buscaron algún material que se pudiera vender como chatarra y llevaron a la casa de Alves una de las partes del equipo y trataron de abrirla. El mismo día por la tarde, los hombres empezaron a vomitar; sin embargo, pensaron que se debía a intoxicación alimentaria y siguieron con sus intentos de abrir esta parte, que tenía forma de cápsula.

Al día siguiente, Pereira tenía nuevos síntomas, como mareos y diarrea. Además, se percató de que tenía una quemadura en una de sus manos. El día 15 visitó a un doctor, quien le aconsejó regresar a su casa y descansar.

Entretanto, Alves continuó con los intentos de abrir la máquina y logró liberar la cápsula de la cabeza giratoria en la que se encontraba. El 16 de septiembre, logró perforar la ventanilla de la cápsula con un destornillador.

Fue entonces cuando vio una luz azul resplandeciente de cloruro de cesio enriquecido con isotopo radioactivo, cesio 137.

"Lo abrieron y después se sintieron mal, por eso cada uno se fue a su casa", relató la presidenta de la Asociación de Víctimas de cesio 137, Sueli Lina Moraes. "Wagner en aquel entonces tenía ciertos problemas de salud y no podía comprarse medicinas, por eso vendió la cápsula a Devair Ferreira".

El resplandor asesino

Alves y Pereira decidieron vender las piezas el 18 de septiembre a una chatarrería que estaba ubicada en el vecindario. El dueño del lugar, Devair Alves Ferreira, prestó atención a la luz brillante que provenía de la cápsula que había sido sacada del aparato de radiografía.

Ferreira consideró que la sustancia dentro de la pieza podría ser valiosa y la llevó a su casa. En el transcurso de los días siguientes, invitó a unos conocidos a ver este misterioso material.

"Por la tarde, Devair se fue a su casa y cuando regresó y vio este resplandor, se quedó fascinado por él", señaló Moraes.

"Luego se lo envió a su hermano por la noche, porque esta sustancia brillaba solo en la oscuridad. No se podía ver durante el día. Así empezó la contaminación de su familia y de sus vecinos".

Uno de los amigos del dueño logró extraer un poco de dicha sustancia del tamaño de un grano de arroz con el uso de un destornillador. Entretanto, Ferreira empezó a compartir el material con sus conocidos.

Casi simultáneamente, su esposa empezó a tener síntomas como pérdida de cabello y hemorragia interna. En consecuencia, sufrió también de confusión mental. Luego se dio a conocer que recibió una dosis de 5,7 grays —570 rads, que es letal—.

El hermano de Devair Alves Ferreira, Ivo Alves Ferreira, llevó el 24 de septiembre una parte de la sustancia a su casa y la puso sobre el suelo.

A su hija de 6 años de edad, Leide das Neves Ferreira, el resplandor del polvo le pareció llamativo, por eso lo esparció sobre su cuerpo y se lo mostró a su madre. También ingirió un bocadillo que tenía una parte del material radioactivo.

El cuerpo de la pequeña absorbió una dosis de 6,0 grays —600 rads, también letal— de ahí que sufriera un daño considerable en sus pulmones y riñón, además de tener hemorragias internas y caída de cabello.

Murió un mes después del incidente en un hospital en Río de Janeiro. Fue enterrada en su ciudad natal en un ataúd de plomo, que, a su vez, fue sepultado con cemento.

Devair Alves Ferreira vendió el material a otra chatarrería el día 25; sin embargo, su esposa empezó a darse cuenta de que muchas personas se estaban enfermando en aquella época casi simultáneamente.

Tres días después de esto y dos semanas después de que el objeto original fuera encontrado, Gabriela Maria Ferreira recuperó la sustancia y fue en autobús a un hospital local donde mostró el material a un doctor quien supuso que era radioactivo.

Luego, lo confirmó un físico y se les informó a las autoridades de inmediato.

"Pronto se dieron cuenta que algo malo estaba pasando con la familia. Se fueron a un hospital el 28 de septiembre, donde les dijeron que el responsable de todo era la radiación".

Gabriela Maria Ferreira murió un mes después de entrar en contacto con el material radioactivo.

Los olvidados

El Gobierno tomó medidas extraordinarias encaminadas a limpiar la zona de contaminación. En particular, fue removida la capa superior del suelo en algunos sitios.

Asimismo, los edificios donde se encontraba la sustancia fueron registrados, todas las pertenencias que estaban dentro de ellos fueron confiscadas y meticulosamente analizadas.

En el interior de las edificaciones los expertos recogieron el polvo radioactivo con el uso de aspiradoras especiales. Más tarde, algunos de estos edificios fueron demolidos.

La operación de descontaminación del área fue complicada por el hecho de que el material activo era soluble en agua.

La limpieza produjo varias toneladas de residuos radioactivos que seguirán representando una amenaza para el medio ambiente durante muchas décadas. Estos residuos están enterrados en el parque estatal Telma Ortegal.

Cerca de 112.000 personas fueron examinadas en el Estadio Olímpico de Goiania. De estas fueron identificados 249 personas con altos índices de radiación —120 tenían radiación en su vestimenta, mientas otras 129 personas habían sido contaminadas—.

"Hoy en día, la mayoría de las personas sufren de diabetes. Además hay otras personas con otros problemas de salud. No todos comparten esta información, pero sí sabemos que muchas personas sufren dolores".

Según explicó Moraes, después del incidente, el Gobierno de Brasil ofreció asistencia médica necesaria a los afectados. Asimismo, se creó el Centro de Atención a los Afectados por la Radiación. Actualmente, el centro divide a los pacientes en tres grupos.

Al primer grupo pertenecen las personas que tienen una dosis superior a los 20 rads en su cuerpo (para el 2017 eran 94 personas). Los individuos que se sometieron a una dosis inferior a los 20 rads están incluidos en el 2 grupo (88 personas).

El tercer grupo incluye a los trabajadores que desarrollaron su labor en las zonas contaminadas, así como a las personas que vivían en vecindario (959 personas).

"El gobierno de Brasil ayudó a las víctimas, les ha pagado pensiones. No obstante, se olvidaron del tercer grupo, de las personas que ayudaron a los primeros dos grupos, los médicos y las enfermeras. Todos ellos también resultaron contaminados".

Según relató, muchas de las personas afectadas por la radiación en el incidente hasta el día de hoy sufren de discriminación.

"Muchas personas viven en las afueras de la ciudad donde todos saben quiénes son. Cuando ven a una de estas personas no les permiten entrar a su domicilio porque creen que pueden contagiarlos. Hay muchos tipos de discriminación".

Tras más de tres décadas desde el incidente, todavía no queda claro qué va a pasar con todas las personas que resultaron contaminadas, aseguró la presidenta de la Asociación de Víctimas.

Solo ahora, después de tanto tiempo, se empiezan a ver los efectos de aquella catástrofe.

"En aquel entonces estaba claro lo que le pasaría a las personas directamente afectadas, a ellas las ayudaron".

"Sin embargo, lo más impredecible es lo que va a pasar con el tercer grupo, que no recibió la ayuda de manera oportuna. La mayoría de estas personas hoy tiene cáncer".




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